Un buscador de la verdad nunca comenzará desacreditando la afirmación de su oponente como indigna de confianza.
El buscador de la verdad debe ser más humilde que el polvo. El mundo aplasta el polvo bajo sus pies, pero el buscador de la verdad debe humillarse tanto que incluso el polvo pueda aplastarlo. Solo entonces, y no antes, tendrá una visión de la verdad.
El buscador tiene libertad para extraer de este tesoro cualquier significado que le guste, para poder hacer que la enseñanza central se imponga en su vida.