Ya consideremos el nivel individual, familiar, local, nacional o internacional, la paz debe surgir de la paz interior. Por ejemplo, hacer oraciones por la paz mientras sigues albergando ira es inútil. Entrenar la mente y superar tu ira es mucho más efectivo que solo orar. La ira, el odio y los celos nunca resuelven problemas; solo el afecto, la preocupación y el respeto pueden hacerlo.
Si la mente está dominada por el odio, la mejor parte del cerebro, que se usa para juzgar lo correcto y lo incorrecto, no funciona adecuadamente.
Si los seres humanos dependemos solo del desarrollo material, no podemos estar seguros de un resultado positivo. Usar tecnología motivada por la ira y el odio probablemente será destructivo. Solo será beneficioso si buscamos el bienestar de todos los seres. Los seres humanos son la única especie con el potencial de destruir el mundo. Debido a los riesgos del deseo descontrolado y la codicia, necesitamos cultivar la satisfacción y la simplicidad.
Una vez que tu mente está calmada y llena de amor, no hay espacio para el odio ni el miedo. Los demás confiarán en ti por tu corazón abierto.
La felicidad no puede venir del odio ni de la ira. Nadie puede decir: «Hoy estoy feliz porque esta mañana estuve enojado». Al contrario, la gente se siente inquieta y triste y dice: «Hoy no estoy muy feliz, porque perdí el control esta mañana».