El misterio del sonido es misticismo; la armonía de la vida es religión. El conocimiento de las vibraciones es metafísica; el análisis de los átomos es ciencia; y su agrupación armoniosa es arte. El ritmo de la forma es poesía, y el ritmo del sonido es música. Esto muestra que la música es el arte de las artes y la ciencia de todas las ciencias; y contiene en sí misma la fuente de todo conocimiento.
Las personas adultas creemos que apreciamos la música, pero si comprendiéramos el sentido que un bebé trae consigo al apreciar el sonido y el ritmo, nunca presumiríamos de saber música. El bebé es música en sí mismo.
El sonido es la fuerza de la creación, el verdadero todo. Entonces, la música se convierte en la voz de la gran unidad cósmica y, por lo tanto, en la vía óptima para alcanzar este estado final de sanación.
El sonido divino es la causa de toda manifestación. Quien conoce el misterio del sonido conoce el misterio de todo el universo.
La voz no solo indica el carácter del hombre, sino que es la expresión de su espíritu. Otros sonidos pueden ser más fuertes que la voz, pero ningún sonido puede ser más vivo.
Cuando se toca una campana, por el sonido de esa campana otras campanas también vibrarán. Así es con el bailar del alma… produce su reacción, y eso, a su vez, hará que otras almas bailen.
Una persona no oye el sonido solo a través de los oídos; lo oye a través de cada poro de su cuerpo. Se impregna en todo el ser.