Debe haber un espíritu de diálogo. Cada vez que veamos desacuerdos, debemos pensar cómo resolverlos basándonos en el reconocimiento de la unidad de toda la humanidad. Esta es la realidad moderna.
Todos los seres vienen del vientre de una madre. Debemos tener una clara realización de la unidad de toda la humanidad.
Cuando la humanidad es feliz, yo obtengo beneficio. Cuando la humanidad está en problemas o en violencia, no puedo escapar de eso.
Si podemos cultivar una preocupación por los demás, teniendo en mente la unidad de la humanidad, podemos construir un mundo más compasivo.
Debemos tener una motivación pura, honesta y cálida, y además, determinación, optimismo, esperanza y la capacidad de no desanimarnos. Toda la humanidad depende de esta motivación.
Si cada uno de nosotros puede aprender a relacionarse con los demás más desde la compasión, con un sentido de conexión entre nosotros y un profundo reconocimiento de nuestra humanidad común, y más importante aún, enseñar esto a nuestros hijos, creo que esto puede ayudar mucho a reducir muchos de los conflictos y problemas que vemos hoy.
Los muchos factores que nos dividen son en realidad mucho más superficiales que aquello que compartimos. A pesar de todo lo que nos diferencia—raza, idioma, religión, género, riqueza, etc.—todos somos iguales en cuanto a nuestra humanidad fundamental.
Como seres humanos, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de cuidar a la humanidad. Expresar preocupación por los demás trae fuerza interior y una satisfacción profunda. Como animales sociales, los seres humanos necesitan amistad, pero la amistad no proviene de la riqueza y el poder, sino de mostrar compasión y preocupación por los demás.