No dependas de tu mente para la liberación. Es la mente la que te trajo a la esclavitud. Ve más allá de ella por completo.
Solo tu identificación con tu mente es lo que te hace feliz o infeliz. Rebélate contra tu esclavitud a tu mente; ve tus cadenas como creadas por ti mismo y rompe las cadenas del apego y la aversión. Ten presente tu meta de libertad, hasta que te llegue la comprensión de que ya estás libre: la libertad no es algo en el futuro lejano que se deba ganar con esfuerzos dolorosos, sino que es perennemente tuya, ¡para usarla! La liberación no es una adquisición, sino un asunto de valentía: la valentía de creer que ya eres libre y actuar en consecuencia.
Si estás enojado o con dolor, sepárate de la ira y del dolor y obsérvalos. La exteriorización es el primer paso hacia la liberación.
Tu primera tarea es ver la tristeza en ti y a tu alrededor; la siguiente, anhelar intensamente la liberación. La misma intensidad del anhelo te guiará; no necesitas otro guía.