La música sin palabras significa dejar atrás la mente. Y dejar atrás la mente es meditación. La meditación te devuelve a la fuente. Y la fuente de todo es el sonido.
Mientras hablaba sin cesar del Señor, el Señor se mantenía alejado, a distancia. Pero cuando callé mi boca, me quedé muy quieto y fijé mi mente en la entrada del Señor, quedé unido a la música de la Palabra, y todo mi hablar llegó a su fin.
Nada se encuentra dentro. Es una música sin cuerdas que se toca en el cuerpo. Penetra lo interior y lo exterior y te aleja de la ilusión.
Dentro del cuerpo se toca una Música interminable, aunque sin instrumentos de cuerda. Esa música de la Palabra impregna toda la creación. Quien la escucha queda liberado de todas las ilusiones.