Soy un sacrificio para el Guru, que me ha curado por completo de la enfermedad mortal del egoísmo. Gloriosas y grandes son las virtudes del Guru, que ha erradicado el mal y me ha instruido en la virtud.
Bendito, bendito es ese sij del Guru que va y cae a los Pies del Verdadero Guru. Bendito, bendito es ese sij del Guru que con su boca pronuncia el Nombre del Señor.
Bendito, bendito es el Verdadero Gurú, que ha otorgado el don supremo del Nombre del Señor.
Bendito, bendito es el Conocedor del Señor, mi Verdadero Gurú; me ha enseñado a mirar por igual al amigo y al enemigo.
Quienes adoran y reverencian al Señor a través de la Palabra del Gurú olvidan todo su dolor y sufrimiento.
Al encontrar al Verdadero Gurú, el hambre se va; el hambre no se va al ponerse las vestiduras de un mendigo.