Cuando la gente acudió a Cristo acusando a una persona de hacer el mal, el Maestro no pudo pensar en otra cosa que en el perdón. Porque no veía en el que hacía el mal lo que los demás veían. Distinguir entre lo correcto y lo incorrecto no es trabajo de una mente ordinaria, y lo curioso es que cuanto más ignorante es una persona, más dispuesta está a hacerlo.
Lo más grande es tener una inclinación hacia la amistad; se expresa en forma de tolerancia y perdón, en forma de servicio y confianza. En cualquier forma en que lo exprese, este es el tema central: el deseo constante de demostrar el propio amor por la humanidad, ser amigo de todos.
El amor se manifiesta hacia aquellos que nos agradan como amor; hacia aquellos que no nos agradan como perdón.
Para hacer un amigo se requiere el perdón, que consume todas las cosas y deja solo la belleza; pero destruir la amistad es fácil.
Su lucha constante es contra el Nafs (el interés propio), la raíz de toda discordia y el único enemigo del hombre. Al aplastar a este enemigo, el hombre gana dominio sobre sí mismo; y esto le da dominio sobre todo el universo, porque el muro que estaba entre el yo y el Todopoderoso ha sido derribado. La gentileza, la suavidad, el respeto, la humildad, la modestia, la abnegación, la conciencia, la tolerancia y el perdón son, para los sufíes, los atributos que producen armonía dentro del alma propia y también dentro de la de otro.