El propósito mismo de estar en este cuerpo, para cada uno de nosotros, es vivir y regocijarnos en esa región virginal: la intocada, pura y siempre verde, dichosa región de nuestro Ser.
Cada momento que pasas en este planeta, recuerda que estás aquí por un propósito y una causa únicos, mucho más grandes que simplemente comer, dormir y hablar.
Los problemas están en este mundo para que podamos realizar nuestro propósito en este mundo.
El propósito de la risa es llevar a uno al silencio, y el propósito del silencio es llevar a uno a la risa.
El propósito de las palabras es crear silencio. El propósito de la acción es traer un descanso profundo. El propósito del descanso profundo es traerte plenitud. En la plenitud encuentras alegría, dicha.
Cada cosa pequeña tiene un propósito; al mismo tiempo, no tiene propósito porque todo esto es un juego. Es la existencia total, más allá del propósito. Así que puedes decir, en términos prácticos, que no hay propósito. Si acaso tienes que fijarte en un propósito, entonces el propósito de la naturaleza es llevarte a la Fuente: recordarte la Fuente, conectarte con tu Fuente.
Cuando conviertes el Servicio en tu único propósito en la vida, eliminas el miedo, enfocas tu mente y te das sentido.
Convierte toda la vida en un juego. No hay propósito, no hay meta, nada. Tómalo con ligereza, con facilidad. Juega el juego: eso es adoración, es celebración.