Intentar hacer el bien a la gente sin la ayuda de Dios no es más fácil que hacer brillar el sol a medianoche. Descubres que tienes que abandonar todas tus propias preferencias, tus propias ideas luminosas, y guiar las almas por el camino que nuestro Señor ha marcado para ellas. No debes obligarlas a seguir algún camino que tú elijas.
Si una florecita pudiera hablar, me parece que nos diría, de manera bastante simple, todo lo que Dios ha hecho por ella, sin ocultar ninguno de sus dones. No diría, bajo el pretexto de humildad, que no es bonita o que no tiene un perfume dulce, que el sol le ha marchitado los pétalos o que la tormenta le ha magullado el tallo, si supiera que eso no es así.
Así como el sol brilla tanto sobre el cedro como sobre la flor más pequeña, así el Sol Divino ilumina cada alma.