Tememos a la muerte por el dolor y por el pensamiento de que podríamos ser aniquilados. Esta idea es errónea. Jesús se mostró en forma física a sus discípulos después de su muerte. Lahiri Mahasaya regresó en la carne al día siguiente de haber entrado en mahasamadhi. Ellos demostraron que no habían sido destruidos.
Quienes en Occidente han adoptado a Cristo como propio deberían recordar que él era oriental. El amor y la simpatía por Jesús deben ampliarse hasta abarcar el amor y la simpatía por todos los orientales, y por todo el mundo.
Mediante la ciencia definida de la meditación, conocida durante milenios por los yoguis y sabios de la India, y por Jesús, cualquier buscador de Dios puede ampliar la capacidad de su conciencia hasta la omnisciencia para recibir dentro de sí la Inteligencia Universal de Dios.
Meditemos hasta que percibamos al Cristo Infinito reinando en nuestros propios corazones. Aprendamos a amar a quienes no nos aman; y a perdonar a quienes nos hacen el mal. Rompamos todas nuestras fronteras mentales de color, credo y nacionalidad, y recibamos a todos—incluso a nuestros hermanos inanimados y animales—en los brazos infinitos y que todo lo abrazan de nuestra Conciencia de Cristo. Esta será una celebración verdadera y adecuada de la venida de Jesucristo a esta tierra.