Comida y bebidas lujosas, de ninguna manera te protegen del daño. La riqueza más allá de lo natural no sirve de más que un recipiente desbordado. El verdadero valor no se genera en teatros, ni en baños, perfumes o ungüentos, sino por la filosofía.
La vida agradable no se produce por la bebida y el baile continuos, ni por el comercio sexual, ni por platos raros de mariscos y otras delicadezas de una mesa lujosa. Por el contrario, se produce por un razonamiento sobrio que examina los motivos de cada elección y de cada evitación, apartando las creencias que son la fuente de las perturbaciones mentales.
El hombre sabio no rechaza la vida ni teme a la muerte... del mismo modo que no necesariamente elige la mayor cantidad de comida, sino la más agradable, así prefiere no el tiempo más largo, sino lo más agradable.