Comenzando con el amanecer temprano de cada día, irradiaré alegría a todos los que encuentre. Seré sol mental para todos los que crucen mi camino. Ante la luz infalible de mi buen ánimo, la oscuridad huirá.
Si estás en una habitación oscura, no golpees la oscuridad con un palo; más bien intenta encender la luz.
El reino de Dios está justo detrás de la oscuridad de los ojos cerrados, y la primera puerta que se abre hacia él es tu paz.
No importa si una cueva ha estado en oscuridad durante 10.000 años...
Justo detrás de la oscuridad de los ojos cerrados brilla la luz de Dios. Cuando contemplas esa luz en la meditación, aférrate a ella con fervor devocional. Siente que estás dentro de ella: ahí es donde Dios habita.