Teresa De Lisieux Citas sobre la alegría
El tiempo no es más que una sombra, un sueño; ya Dios nos ve en gloria y se alegra de nuestra bienaventuranza eterna. ¡Cómo ayuda este pensamiento a mi alma! Entonces entiendo por qué Él nos permite sufrir.
A pesar de esta prueba, que me quita todo disfrute, aun así, no puedo evitar exclamar: «Señor, me llenas de alegría en todo lo que haces. ¿Acaso hay una alegría mayor que sufrir por amor?»
La vida es solo un sueño: pronto despertaremos. ¡Y qué alegría! Cuanto mayores sean nuestros sufrimientos, más ilimitada será nuestra gloria. ¡Oh! no desperdiciemos la prueba que Jesús nos envía.
¡Cuánto amé los banquetes!... Especialmente amé las procesiones en honor al Santísimo Sacramento. ¡Qué alegría fue para mí arrojar flores a los pies de Dios!... Nunca fui tan feliz como cuando vi mis rosas tocar el sagrado Monstrance.
Por un solo dolor soportado con alegría, amaremos al buen Dios más para siempre.
¡Qué alegría recordar que ella es nuestra Madre! Puesto que nos ama y conoce nuestra debilidad, ¿qué tenemos que temer?
Me basta con encontrarme siempre imperfecto, y en eso encuentro mi alegría. Las buenas acciones no cuentan para nada si se hacen sin amor.
Cuanto más uno avanza, más ve que la meta aún está lejos. Y ahora simplemente me resigno a verme siempre imperfecto, y en eso encuentro mi alegría.
La oración es una aspiración del corazón; es una mirada sencilla dirigida al cielo; es un clamor de gratitud y amor en medio de la prueba, así como de la alegría; finalmente, es algo grande, sobrenatural, que expande mi alma y la une con Jesús.
Para mí, la oración significa lanzarse desde el corazón hacia Dios; significa alzar los ojos, simplemente, hacia el cielo: un clamor de amor agradecido, desde la cima de la alegría o desde el fondo del desaliento; es una fuerza vasta y sobrenatural que abre mi corazón y me une estrechamente a Jesús.
Cuando esperamos solo sufrimiento, la menor alegría nos sorprende: el sufrimiento mismo se convierte en la mayor de las alegrías cuando lo buscamos como un tesoro precioso.
Aparte de la Oficina [la oración diaria de la Iglesia], que es una alegría diaria, no tengo el valor de buscar entre libros oraciones hermosas. ...Incapaz de decirlas todas o de elegir entre ellas, hago lo que haría un niño que no sabe leer: simplemente digo lo que quiero decirle a Dios, de manera sencilla, y él nunca deja de entender.
Para mí, la oración es un impulso del corazón; es una mirada sencilla vuelta hacia el cielo; es un clamor de reconocimiento y de amor, que abraza tanto la prueba como la alegría.
Para mí, la oración es un salto ascendente del corazón, una mirada serena hacia el cielo, un clamor de gratitud y amor que pronuncio desde las profundidades de la tristeza y también desde las alturas de la alegría.
