Donde exista el deseo existe el ego, y donde exista el ego existe la ilusión, porque el ego es la mayor ilusión que hay. Incluso en un mendigo que no tiene nada más, encontrarás el mismo ego que hallarías en Alejandro Magno, porque desear es lo mismo. Alejandro Magno puede tener mucho dinero y mucho poder, eso no importa; aun así sigue deseando. El mendigo quizá no tenga nada, pero también desea.
La meditación no es más que un esfuerzo por dejar caer todos los elementos extraños para que puedas verte a ti mismo tal como eras antes de haber nacido, reflejado en su pureza. Es un gran silencio y una gran alegría estar allí; y una vez que empiezas a permanecer allí, no hay muerte y no hay tiempo. Desaparece todo miedo, toda codicia, toda ira: uno simplemente está allí, sin idea, sin deseo.
El amor es poder, el poder más puro y el poder más grande: el amor es Dios. Nada puede ser más alto que eso. Pero este poder no es un deseo de esclavizar a los demás; este poder no es una fuerza destructiva. Este poder es la fuente misma de la creación. Este poder es creatividad. Y este poder te transformará por completo en un ser nuevo. No le concierne a nadie. Su preocupación total es llevar tus semillas a su floración última.
Mientras exista el «yo», el amor no puede existir. Todo lo que llamamos amor es solo deseo, anhelo, pasión y apego; mientras exista el ego, todo eso ata a uno.