El ego es como la raíz de un árbol de banyán: crees que lo has eliminado todo, y entonces, una buena mañana, ves que brota de nuevo.
Como un trozo de cuerda, cuando se quema conserva su forma, pero no puede servir para atar; así es el ego, que se quema con el fuego del Conocimiento supremo.
La espiritualidad conduce automáticamente a la humildad. Cuando una flor se desarrolla hasta convertirse en fruto, los pétalos caen por sí solos. Cuando uno se vuelve espiritual, el ego desaparece gradualmente por sí mismo. Un árbol cargado de frutos siempre se inclina. La humildad es una señal de grandeza.
Todos los problemas llegan a su fin cuando muere el ego.
El camino del amor es tan verdadero como el camino del conocimiento. Todos los caminos, en última instancia, llevan a la misma Verdad. Pero mientras Dios mantenga en nosotros el sentimiento del ego, es más fácil seguir el camino del amor.
Es por el ego que uno no puede ver a Dios. Frente a la puerta de la mansión de Dios está el tocón del ego. No se puede entrar a la mansión sin saltar sobre ese tocón.