Cuando de verdad tienes algo que ofrecer al mundo, entonces puedes volverte verdaderamente humilde. Un árbol, cuando no tiene fruto que ofrecer, permanece erguido. Pero cuando el árbol está cargado de fruto, se inclina. Si tú estás lleno de orgullo y ego, nadie podrá obtener de ti algo valioso. Cuando tienes una humildad genuina, es señal de que tienes algo que ofrecer a la humanidad.
En este mundo, el ser humano tiene dos posesiones significativas: la inteligencia y la emoción. Estas dos posesiones gobiernan nuestra vida día a día. Pero muy a menudo vemos que la emoción (ego) toma el control en nuestra vida. Sabemos que incluso si alguien es extremadamente inteligente, cuando su emoción sale a la luz lo devorará. Está obligado a hacer lo que su emoción le pide.
En la vida espiritual, la forma más fácil de conquistar el ego es ofrecer gratitud a Dios durante cinco minutos al día. Si no puedes ofrecer gratitud durante cinco minutos, entonces dilo durante un minuto. Ofrece tu gratitud a Dios. Entonces sentirás que dentro de ti crece una flor dulce, fragante y hermosa. Esa es la flor de la humildad.