Así que no se trata de si es posible alcanzar la budeidad, o si es posible convertir un azulejo en una joya. Pero solo trabajar, solo vivir en este mundo con esta comprensión es lo más importante, y esa es nuestra práctica. Ese es el verdadero zazen.
Solo mediante la práctica a través de una sucesión continua de situaciones agradables y desagradables adquirimos verdaderas fortalezas. Aceptar que el dolor es inherente y vivir nuestras vidas desde esa comprensión es crear las causas y condiciones para la felicidad.
No hay necesidad de tener una comprensión profunda del Zen.
La felicidad es tristeza; la tristeza es felicidad. Hay felicidad en la dificultad; dificultad en la felicidad. Aunque las formas en que las sentimos sean diferentes, en esencia no son realmente diferentes: son la misma cosa. Esta es la verdadera comprensión transmitida por Buda hacia nosotros.
Cuando él se inclinó ante todos esos buddhas, los buddhas ante los que se inclinó estaban más allá de su propio entendimiento. Una y otra vez lo hizo.