Tener un intelecto desarrollado siempre ayuda, si uno puede iluminarlo desde arriba y dirigirlo a un uso divino.
El lenguaje mismo del Veda es sruti: un ritmo que no compone el intelecto, sino que se escucha; una Palabra divina que vibra desde el Infinito hacia la audiencia interior del hombre que antes se había preparado para el conocimiento impersonal.
Las religiones, credos y formas son solo un signo externo característico del impulso espiritual, y la religión misma es la acción intensiva con la que intenta encontrar su fuerza interior. Su movimiento expansivo llega en el pensamiento que proyecta sobre la vida, en los ideales que abren nuevos horizontes y que el intelecto acepta y la vida se esfuerza por asimilar.