La aguja magnética siempre apunta al norte, y por eso la embarcación no pierde su dirección. Mientras el corazón del hombre esté dirigido hacia Dios, no puede perderse en el océano de la mundanidad.
Tomemos el caso del océano infinito. No hay límite para su agua. Supongamos que una vasija se sumerge en él: hay agua tanto dentro como fuera de la vasija. El jnani ve que tanto dentro como fuera no hay más que Paramatman. Entonces, ¿qué es esa vasija? Es “la conciencia del yo”. Debido a la vasija, el agua parece dividida en dos partes; debido a la vasija, parece que percibes un interior y un exterior. Uno se siente así mientras exista esa vasija del “yo”. Cuando el “yo” desaparece, lo que queda no puede describirse con palabras.
Un océano de dicha puede caer desde los cielos, pero si tú solo levantas un dedal, eso es todo lo que recibes.