Las pruebas y tribulaciones nos ofrecen la oportunidad de reparar nuestras faltas y pecados pasados. En ocasiones como estas, el Señor viene a nosotros como un médico para sanar las heridas que nuestros pecados dejaron. La tribulación es la medicina divina.
Confiamos en la misericordia de Dios para nuestros errores pasados, en el amor de Dios para nuestras necesidades presentes y en la soberanía de Dios para nuestro futuro.
Si el futuro y el pasado existen de verdad, ¿dónde están?
No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro.
Confía el pasado en la misericordia de Dios, el presente en Su amor y el futuro en Su providencia.