Sin duda, el recuerdo de un acontecimiento no puede pasar por el acontecimiento mismo. Tampoco la anticipación. Hay algo excepcional, único, en el acontecimiento presente, que el anterior o el que viene no tienen. Hay en él vivacidad, una actualidad; se destaca como si estuviera iluminado. Hay la "marca de la realidad" en lo real, que el pasado y el futuro no tienen.
Yo ya estoy muerto. La muerte física no hará ninguna diferencia en mi caso. Soy un ser atemporal. Estoy libre de deseo o miedo, porque no recuerdo el pasado ni imagino el futuro. Donde no hay nombres ni formas, ¿cómo podría haber deseo y miedo? Con la ausencia de deseo llega la atemporalidad. Estoy a salvo, porque lo que no es, no puede tocar lo que es. Te sientes inseguro porque imaginas peligro. Por supuesto, tu cuerpo, como tal, es complejo y vulnerable y necesita protección. Pero no tú. Cuando comprendas tu propio ser inconmovible, estarás en paz.
Te preocupas demasiado por el pasado y el futuro. Todo se debe a tu anhelo de continuar, de protegerte contra la extinción. Y como quieres continuar, quieres que otros te hagan compañía, de ahí tu preocupación por su supervivencia. Pero lo que llamas supervivencia no es más que la supervivencia de un sueño.
El pasado y el futuro están solo en la mente: yo estoy ahora.
Yo soy un ser atemporal. Soy libre del deseo o del miedo, porque no recuerdo el pasado ni imagino el futuro.