Necesitamos el silencio para estar a solas con Dios, para hablarle, para escucharlo, para meditar sus palabras profundamente en nuestros corazones. Necesitamos estar a solas con Dios en el silencio para renovarnos y transformarnos. El silencio nos da una nueva perspectiva de la vida. En él estamos llenos de la energía del propio Dios, que nos hace hacer todas las cosas con alegría.
Necesitamos encontrar a Dios, y no puede encontrarse en el ruido y la inquietud. Dios es el amigo del silencio. Mira cómo la naturaleza—los árboles, las flores, la hierba—crece en silencio; mira las estrellas, la luna y el sol, cómo se mueven en silencio... Necesitamos silencio para poder tocar las almas.
En el corazón del silencio está la oración. En el corazón de la oración está la fe. En el corazón de la fe está la vida. En el corazón de la vida está el servicio.
El fruto del Silencio es la Oración.
Dios habla en el silencio del corazón.
Antes de hablar, es necesario que escuches, porque Dios habla en el silencio del corazón.