Deja tu mente en paz, eso es todo. No vayas con ella. Después de todo, no existe algo como la mente aparte de los pensamientos que vienen y van obedeciendo sus propias leyes, no las tuyas. Te dominan solo porque te interesas en ellos.
A menos que hagas esfuerzos enormes, no te convencerás de que el esfuerzo no te llevará a ninguna parte. El yo es tan autosuficiente que, a menos que se le desanime por completo, no se rendirá. Una simple convicción verbal no basta. Solo los hechos difíciles pueden mostrar la absoluta nada de la imagen del yo.
Aprende a vivir sin preocupación por ti mismo. Para ello debes conocer tu verdadero ser, indomable, sin miedo y siempre victorioso. Cuando una vez sabes con absoluta certeza que nada puede molestarte salvo tu propia imaginación, empiezas a desestimar tus deseos y miedos, conceptos e ideas, y vives solo por la verdad.