El amor no es selectivo; el deseo sí lo es. En el amor no hay extraños. Cuando el centro del egoísmo ya no existe, cesan todos los deseos de placer y el miedo al dolor; uno deja de estar interesado en ser feliz. Más allá de la felicidad hay una intensidad pura, energía inagotable, el éxtasis de dar desde una fuente perenne.
No necesitas llegar a ello, porque tú eres eso. Te alcanzará a ti si le das una oportunidad. Suelta tu apego a lo irreal y lo Real entrará rápidamente y con suavidad en su propio lugar. Deja de imaginarte siendo o haciendo esto o aquello, y la realización de que eres la fuente y el corazón de todo amanecerá en ti. Con esto vendrá un gran amor que no es elección ni preferencia, ni apego, sino un poder que hace que todas las cosas sean dignas de amor y amables.
La verdad no es un premio por la buena conducta, ni un galardón por aprobar ciertas pruebas. No puede lograrse. Es la fuente primordial, no nacida y antigua de todo lo que es. Eres apto porque eres. No necesitas merecer la verdad. Es tuya... Permanece quieto, sé silencioso.
Somos esclavos de lo que no sabemos; de lo que sabemos somos dueños. Cualquier vicio o debilidad en nosotros que descubrimos y entendemos en su causa y funcionamiento, lo superamos mediante el mismo conocimiento. El propósito principal de la meditación es volverse más consciente y familiar con nuestra vida interior. El propósito último es llegar a la fuente de la vida.
Tu debilidad se debe a tu convicción de que naciste en el mundo. En realidad, el mundo se recrea siempre en ti y por ti. Ve todo como emanando de la luz que es la fuente de tu propio ser.
El propósito principal de la meditación es llegar a ser conscientes de nuestra vida interior y familiarizarnos con ella. El propósito último es alcanzar la fuente de la vida y de la consciencia.
Deja de imaginarte siendo o haciendo esto o aquello, y la realización de que eres la fuente y el corazón de todo te llegará.
A la luz de la conciencia, ocurren todo tipo de cosas y no hace falta darles una importancia especial a ninguna. Ver una flor es tan maravilloso como la visión de Dios. Déjalas ser. ¿Por qué recordarlas y luego convertir la memoria en un problema? Sé indiferente con ellas; no las dividas en alto y bajo, interior y exterior, duradero y pasajero. Ve más allá, vuelve a la fuente, ve al Ser que es el mismo sea lo que sea lo que ocurra.