Busca en la lectura y encontrarás en la meditación; llama en la oración y se abrirá en la contemplación.
Quien interrumpe el curso de sus ejercicios espirituales y su oración es como un hombre que deja escapar a un pájaro de su mano; apenas puede atraparlo de nuevo.
Nunca abandones la oración, y si encuentras sequedad y dificultad, persevera en ella precisamente por esta razón. Dios a menudo desea ver qué amor tiene tu alma, y el amor no se prueba con la facilidad y la satisfacción.
Quien evita la oración evita todo lo que es bueno.