La persona verdaderamente creativa no está interesada en dominar a nadie. Está tan profundamente regocijada con la vida que quiere crear; quiere participar con Dios. La creatividad es oración. Y cada vez que creas algo, en esos momentos estás con Dios: caminas con Dios, vives en Dios. Cuanto más creativo eres, más divino eres. Para mí, la creatividad es religión. El arte es solo la entrada al templo de la religión.
Recuerda desde este mismo momento: elige siempre lo que es bueno para ti y bueno para los demás. Elige la creatividad. Conviértete en una bendición para la existencia, porque esa es la única manera en que podemos persuadir a Dios para que se convierta en una bendición para nosotros. Esa es la única oración verdadera: llegar a ser una bendición para todos—para las personas, para los animales, para los árboles, para la vida en todas sus formas. Si uno permanece conscientemente alerta, poco a poco se aprende el arte; poco a poco se vuelve algo natural.
Sé creativo en ese sentido y tu creatividad se convertirá en una ofrenda a Dios. Dios te ha dado tantos dones, Garima; algo TIENE que hacerse con una gratitud profunda. Pero recuerda: sin motivo, no como medio sino como un fin en sí mismo. Arte por el arte, y creación por la creación, y amor por el amor, y oración por la oración.
Si sigues amando profundamente a una persona, con el tiempo el sexo desaparece. La intimidad se vuelve tan plena que ya no hace falta el sexo; el amor es suficiente por sí mismo. Cuando llega ese momento, entonces es posible que la oración amanezca en ti.