La sabiduría nace de observar el crecimiento de las personas con afecto.
Deben cambiar a menudo quienes quieren ser constantes en la felicidad o en la sabiduría.
Podemos aprender sabiduría por tres métodos: primero, por la reflexión, que es lo más noble; segundo, por la imitación, que es lo más fácil; y tercero, por la experiencia, que es lo más amargo.
El comienzo de la sabiduría es llamar a las cosas por su nombre correcto.
El hombre sabio nunca tiene dos mentes; el hombre benevolente nunca se preocupa; el hombre valiente nunca tiene miedo.