Los sufrimientos soportados con gusto por los demás convierten a más personas que los sermones.
El amor perfecto significa tolerar las limitaciones de los demás, no sentir sorpresa por sus debilidades, y encontrar aliento incluso en la evidencia más mínima de buenas cualidades en ellos.
Intentar hacer el bien a la gente sin la ayuda de Dios no es más fácil que hacer brillar el sol a medianoche. Descubres que tienes que abandonar todas tus propias preferencias, tus propias ideas luminosas, y guiar las almas por el camino que nuestro Señor ha marcado para ellas. No debes obligarlas a seguir algún camino que tú elijas.