Si tu creatividad surge de tu silencio, de tu Zen, de tus meditaciones, entonces es auténtica, original. Si solo surge como una ocupación porque te sientes perdido y no hay nada que hacer—unas largas vacaciones—entonces empiezas a hacer algo... Eso no sale de tus silencios; sale de tu mente loca.
El Zen lo abarca todo. Nunca niega, nunca dice que no a nada; acepta todo y lo transforma en una realidad más elevada.
Zen no es esfuerzo. El esfuerzo es tensión; el esfuerzo es trabajo; el esfuerzo es lograr algo. Zen no es algo que se deba lograr. Ya eres eso. Solo relájate, relájate tan profundamente que te conviertas en una revelación para ti mismo.
El zen es la única religión del mundo que enseña la iluminación repentina. Dice que la iluminación no toma tiempo; puede ocurrir en un solo instante, en una fracción de segundo.
El Zen vive en el presente. Toda la enseñanza es: cómo estar en el presente; cómo salir del pasado que ya no es y cómo no involucrarte en el futuro que aún no llega, y simplemente estar arraigado, centrado, en aquello que es.