No podía imaginar que el futuro hacia el que caminaba pudiera compararse de alguna manera con el pasado que dejaba atrás.
Una sociedad que no valora a sus personas mayores niega sus raíces y pone en peligro su futuro. Esforcémonos por aumentar su capacidad para mantenerse por sí mismos durante el mayor tiempo posible y, cuando ya no puedan hacerlo, cuidarlos.
Nuestra compasión humana nos une a los unos con los otros—no en la lástima ni de manera paternalista, sino como seres humanos que han aprendido a convertir nuestro sufrimiento común en esperanza para el futuro.
Nuestros hijos son la roca sobre la que se construirá nuestro futuro; nuestro mayor activo como nación.
Demos reconocimiento práctico a las injusticias del pasado, construyendo un futuro basado en la igualdad y la justicia social.