Cuando bailamos, el punto es el viaje mismo, igual que cuando tocamos música el punto es el hecho de tocar. Y exactamente lo mismo es cierto en la meditación. Meditar es descubrir que el sentido de la vida siempre se alcanza en el momento inmediato.
Cuando bailamos, el viaje en sí es lo importante; como cuando tocamos música, el tocar en sí es lo importante.
Pensamos en la vida por analogía con un viaje, una peregrinación, que tenía un propósito serio al final, y la cuestión era llegar a ese final: el éxito o lo que sea, quizá el cielo después de que mueras. Pero perdimos el punto en todo el camino. Era algo musical y se suponía que debías cantar o bailar mientras sonaba la música.