Si tenemos amor y compasión en el corazón, entonces serviremos de todo corazón a quienes sufren por falta de alimento, ropa y refugio.
Cuando el amor desborda y se expresa a través de cada palabra y acto, lo llamamos compasión. Ese es el objetivo de la religión.
Cuando alguien está lleno de Amor y Compasión, no puede trazar una línea entre dos países, dos credos o dos religiones.
Hay miles dispuestos a morir por su religión, pero solo unos pocos están dispuestos a vivir según sus principios. Debido a su visión estrecha y a la envidia, han pasado por alto la verdadera esencia y el mensaje de la religión: el amor y la compasión.
Nuestra compasión y nuestros actos de desinterés nos llevan a verdades más profundas.
Ni un solo grano de la comida que comemos se hace puramente con nuestro propio esfuerzo. Lo que nos llega en forma de alimento es el trabajo de otros, la generosidad de la Naturaleza y la compasión de Dios. Incluso si tenemos dólares, todavía necesitamos comida para saciar nuestro hambre. ¿Podemos comer dólares? Por lo tanto, nunca comas nada sin antes orar con humildad.
Cuando el amor y la compasión llenan tu corazón, encuentras novedad en cada momento, y la vida se convierte en celebración.
En tiempos de tragedias, nuestro deber es prestar una mano de ayuda a quienes están de duelo y así encender lámparas de bondad y compasión.
El primer paso en la vida espiritual es tener compasión. Una persona amable y amorosa nunca necesita ir a buscar a Dios. Dios se precipita hacia cualquier corazón que late con compasión: es el lugar favorito de Dios.
La compasión puede cargar el sufrimiento de todo el mundo sin sentir la más mínima pizca de dolor.
Mantén una conciencia constante y un esfuerzo consciente para decir buenas palabras, realizar buenas acciones y practicar la paciencia y la compasión.
Deberíamos llenar los programas de las escuelas con lecciones sobre amor y compasión.