El más feliz es quien no espera felicidad de los demás. El amor se deleita y se glorifica en dar, no en recibir. Así que aprende a amar y a dar, y no a esperar nada de los demás.
La felicidad de la realización de Dios es autosostenida, eternamente fresca e infalible, ilimitada e indescriptible. Y es por esta felicidad que el mundo ha surgido a la existencia.
Todo lo que vive se esfuerza por la felicidad; sin embargo, mil y un dolores y miedos acompañan cada placer que el hombre busca por la ignorancia de la exclusividad.
El más feliz es quien no espera felicidad de los demás.
La gente espera el gran momento, el gran acontecimiento, y olvida que la felicidad proviene de construir con constancia sobre las pequeñas cosas diarias de la vida. La gente espera ese momento especial para expresar amor y olvida que el amor brota de la consideración practicada todos los días. La gente espera, pero esperar es futuro y AHORA es siempre el momento.
Si sufrimos en los sufrimientos de los demás y nos alegramos en la felicidad de los demás, amamos a Dios.