Mejor arraigados emocionalmente mediante la paciencia, nos volvemos más fuertes mental y espiritualmente, y tendemos a estar más sanos físicamente.
Estamos asediados por problemas y, si buscamos su origen, encontramos que surgen por nuestra propia falta de egoísmo, porque tendemos a perseguir nuestros intereses a expensas de los demás. Nuestras diversas tradiciones religiosas existen para ayudarnos a reducir estos problemas. Todas enseñan maneras de superar el sufrimiento cultivando amor y compasión, tolerancia, paciencia y contentamiento.
Nuestros maestros más valiosos son nuestros enemigos. Mientras que los amigos pueden ayudarnos de muchas maneras, solo nuestros enemigos pueden proporcionarnos el desafío que necesitamos para desarrollar tolerancia, paciencia y compasión: tres virtudes esenciales para construir carácter, desarrollar la paz mental y traernos la verdadera felicidad.
No es solo la constitución física de una persona, su inteligencia, su educación, o incluso su condicionamiento social lo que le permite resistir la adversidad. Mucho más significativo es su desarrollo interior. Y aunque algunos puedan sobrevivir solo con fuerza de voluntad, los que sufren menos son aquellos que tienen un alto grado de paciencia y valentía ante la adversidad.
Es... muy útil pensar en la adversidad no tanto como una amenaza para nuestra paz mental, sino más bien como el medio mismo por el cual se alcanza la paciencia.
Una de las expresiones del exceso de dependencia occidental de la tecnología puede verse en la falta de paciencia en la sociedad industrial. Cuando tratas con la tecnología, todo sucede al tocar un botón. Esto te condiciona a volverte tan impaciente que, cuando tienes una crisis emocional o personal, no permites que el tiempo haga efecto en la solución. Esto lleva a todo tipo de respuestas impulsivas, como discusiones, peleas, etc.