¡Sé feliz! y la meditación seguirá. Sé feliz, y la religión seguirá. La felicidad es una condición básica. Las personas se vuelven religiosas solo cuando están infelices; entonces su religión es seudorreligión. Intenta entender por qué estás infeliz.
La persona verdaderamente creativa no está interesada en dominar a nadie. Está tan profundamente regocijada con la vida que quiere crear; quiere participar con Dios. La creatividad es oración. Y cada vez que creas algo, en esos momentos estás con Dios: caminas con Dios, vives en Dios. Cuanto más creativo eres, más divino eres. Para mí, la creatividad es religión. El arte es solo la entrada al templo de la religión.
Cada niño nace con un amor enorme por sí mismo. Es la sociedad la que destruye ese amor; es la religión la que destruye ese amor. Porque si un niño sigue creciendo amándose a sí mismo, ¿quién va a amar a Jesucristo? ¿Quién va a amar al presidente, Ronald Reagan? ¿Quién va a amar a los padres?
Que sea este siempre el criterio: todo lo que te hace festivo, todo lo que te da celebración, todo lo que te hace bailar y cantar hasta el punto de desaparecer en tu baile, en tu canto, en tu celebración... es la única verdadera religión que conozco.
El zen es la única religión del mundo que enseña la iluminación repentina. Dice que la iluminación no toma tiempo; puede ocurrir en un solo instante, en una fracción de segundo.
La religión auténtica te enseña a descubrir tu inmortalidad, a descubrir el Dios dentro de ti.