El hombre común dice, en su ignorancia: «Mi religión es la única religión, mi religión es la mejor». Pero cuando su corazón se ilumina con el verdadero conocimiento, sabe que más allá de todas las batallas entre sectas y sectarios preside una sola Bendición, indivisible, eterna y omnipresente.
Es fácil hablar sobre la religión, pero es difícil practicarla.
Los hombres comunes hablan montones de religión, pero no practican ni un grano de ella. El sabio habla poco, aunque toda su vida es religión expresada en acción.
Viaja por los cuatro puntos del mundo y no encontrarás nada (ninguna religión verdadera) en ninguna parte. Lo que haya, solo está aquí (es decir, en el propio corazón).
Uno no debería pensar: «Mi religión sola es el camino correcto y las otras religiones son falsas». Dios puede realizarse por medio de todos los caminos. Basta con tener un anhelo sincero por Dios. Los caminos son infinitos y las opiniones también son infinitas.