La riqueza no es necesariamente algo malo cuando se ha ganado de manera honesta y ni otras personas ni el entorno han sufrido por ella.
Hay un dicho en tibetano que dice: "En la puerta del rico miserable duerme el mendigo satisfecho". El punto de este dicho no es que la pobreza sea una virtud, sino que la felicidad no llega con la riqueza, sino al poner límites a los propios deseos y vivir dentro de esos límites con satisfacción.
Los muchos factores que nos dividen son en realidad mucho más superficiales que aquello que compartimos. A pesar de todo lo que nos diferencia—raza, idioma, religión, género, riqueza, etc.—todos somos iguales en cuanto a nuestra humanidad fundamental.
Como seres humanos, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de cuidar a la humanidad. Expresar preocupación por los demás trae fuerza interior y una satisfacción profunda. Como animales sociales, los seres humanos necesitan amistad, pero la amistad no proviene de la riqueza y el poder, sino de mostrar compasión y preocupación por los demás.