Incluso reyes y emperadores, con montones de riqueza y un dominio vastísimo, no pueden compararse con una hormiga llena de amor por Dios.
Hasta los reyes y emperadores, con montañas de propiedades y océanos de riqueza: ni siquiera son iguales a una hormiga, que no olvida a Dios.
Que evite adquirir riquezas y satisfacer sus deseos, si se oponen a la ley sagrada, y aun los actos lícitos que puedan causar dolor en el futuro o sean ofensivos para los hombres.
Haz de la Silencio tus tareas, de la compasión tu riqueza y de la meditación el cuenco del mendigo.
Lejos de mi esposa y mi hijo estoy, lejos de la tierra y la riqueza y otras nociones de ese tipo. Soy el Testigo, el Eterno, el Yo interior.