Cuando el ser humano da la espalda al plan del Creador, provoca un desorden que tiene repercusiones inevitables en el resto del orden creado. Si el ser humano no está en paz con Dios, entonces ni siquiera la Tierra puede estar en paz.
La tierra no seguirá ofreciendo su cosecha, excepto con una administración fiel. No podemos decir que amamos la tierra y luego dar pasos para destruirla para que la usen las generaciones futuras.
Sí, la civilización del amor es posible; no es una utopía. Pero solo es posible mediante una referencia constante y pronta al "Padre del cual se nombra en la tierra toda paternidad y maternidad", de quien proviene toda familia humana.
Todo científico, mediante el estudio y la investigación personales, se completa a sí mismo y a su propia humanidad. ... La investigación científica constituye para ti, como para muchos, el camino hacia el encuentro personal con la verdad, y quizá el lugar privilegiado para el encuentro mismo con Dios, el Creador del cielo y de la tierra. La ciencia brilla en todo su valor como un bien capaz de motivar nuestra existencia, como una gran experiencia de libertad para la verdad, como una obra fundamental de servicio. A través de la investigación, cada científico crece como ser humano y ayuda a otros a hacer lo mismo.
La humanidad, que descubre su capacidad de transformar y, en cierto sentido, crear el mundo mediante su propio trabajo, olvida que esto siempre se basa en el don previo y original de Dios de las cosas que son. La gente cree que puede usar la tierra de manera arbitraria, sometiéndola sin restricción a sus voluntades, como si la tierra no tuviera sus propios requisitos y un propósito previo dado por Dios, que los seres humanos pueden desarrollar, pero no deben traicionar.