Ni los números, ni los poderes, ni la riqueza, ni el aprendizaje, ni la elocuencia, ni nada más prevalecerán, sino la pureza, vivir la vida, en una palabra, anubhuti, realización. Que haya una docena de esas almas de león en cada país: leones que hayan roto sus propios lazos, que hayan tocado el Infinito, cuya alma entera se haya ido a Brahman, que no se preocupen ni por la riqueza ni por el poder ni por la fama; y con eso bastará para sacudir el mundo.
¿A dónde irás para buscar a Brahman? Él es inmanente en todos los seres. ¡Aquí, aquí está Brahman visible! ¡Vergüenza para quienes, descuidando a Brahman visible, dirigen su mente hacia otras cosas! ¡Aquí está Brahman visible ante ti, tangible como una fruta en la mano! ¿No puedes verlo? ¡Aquí, aquí está Brahman!
Que Él, que es el Brahmán de los hindúes, el Ahura-Mazda de los zoroastrianos, el Buda de los budistas, el Jehová de los judíos, el Padre en el Cielo de los cristianos, te dé fuerza para llevar a cabo tu noble idea.