Te ruego que muestres la mayor reverencia y honor por el Cuerpo y la Sangre santísimos de nuestro Señor Jesucristo, por medio de los cuales todas las cosas, tanto en la tierra como en el cielo, han sido llevadas a la paz y reconciliadas con el Dios Todopoderoso
Que todo el mundo se detenga con asombro... Que tiemble todo el mundo y que el Cielo se regocije cuando el Cristo, el Hijo del Dios vivo, esté en el altar.
No pospongas más confesar todos tus pecados, porque la muerte llegará pronto. Da y se te dará; perdona y serás perdonado. ¡Bienaventurados los que mueren arrepentidos, porque ellos irán al Reino de los Cielos!
El hombre debe temblar, el mundo debe vibrar, todo el cielo debe conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece en el altar en las manos del sacerdote.
Nuestras acciones son nuestras; sus consecuencias pertenecen al Cielo.
Que el poder de tu amor, Señor Cristo, sea ardiente y dulce como la miel, para que absorba nuestros corazones y los retire de todo lo que hay bajo el cielo. Concédenos que estemos listos para morir por amor a tu amor, como tú moriste por amor al amor que tenemos por ti.