Renuncia a tu interés propio. Ama a los demás tanto como te amas a ti mismo. Entonces podrás ser confiado con todas las cosas bajo el cielo.
La razón por la que el Cielo y la Tierra son eternos es porque no existen para sí mismos.
Sin moverte de aquí, se puede conocer todo el mundo; sin mirar por la ventana, se puede ver el camino del Cielo. Cuanto más lejos se va, menos se sabe.
Pocas cosas bajo el cielo traen más beneficio que las lecciones aprendidas del silencio y las acciones realizadas sin afán.