Avancemos en paz, con los ojos puestos en el cielo, el único objetivo de nuestros trabajos.
Para mí, el Cielo está oculto en una pequeña Hostia donde Jesús, mi Esposo, está velado por amor. Voy a ese Divino Horno para extraer vida, y allí mi Dulce Salvador me escucha noche y día.
La oración es una aspiración del corazón; es una mirada sencilla dirigida al cielo; es un clamor de gratitud y amor en medio de la prueba, así como de la alegría; finalmente, es algo grande, sobrenatural, que expande mi alma y la une con Jesús.
Para mí, la oración significa lanzarse desde el corazón hacia Dios; significa alzar los ojos, simplemente, hacia el cielo: un clamor de amor agradecido, desde la cima de la alegría o desde el fondo del desaliento; es una fuerza vasta y sobrenatural que abre mi corazón y me une estrechamente a Jesús.
No es permanecer en un ciborio dorado desde el cual Él baja cada día desde el Cielo, sino encontrar otro Cielo: el Cielo de nuestro alma, en el que Él se deleita.
¡Oh Jesús! En este día has cumplido todos mis deseos. Desde ahora, cerca de la Eucaristía, podré Sacrificarme en silencio, esperar el Cielo en paz. Manteniéndome abierto a los rayos del Divino Huésped, En este horno de amor, seré consumido, Y como un serafín, Señor, te amaré.
En el Cielo, el buen Dios hará todo lo que yo desee, porque nunca he hecho mi propia voluntad en la Tierra.
Cuando yo muera, enviaré una lluvia de rosas desde los cielos; pasaré mi cielo haciendo el bien en la tierra.
Estoy convencido de que uno debe decirle a su director espiritual si tiene un gran deseo de la Comunión, porque Nuestro Señor no viene del Cielo todos los días para quedarse en un ciborio de oro; Él viene a encontrar otro cielo: el cielo de nuestra alma, donde ama morar.
Para mí, la oración es un impulso del corazón; es una mirada sencilla vuelta hacia el cielo; es un clamor de reconocimiento y de amor, que abraza tanto la prueba como la alegría.
Para mí, la oración es un salto ascendente del corazón, una mirada serena hacia el cielo, un clamor de gratitud y amor que pronuncio desde las profundidades de la tristeza y también desde las alturas de la alegría.