Y así como Él se apareció ante los santos Apóstoles en verdadera carne, así ahora nos hace verlo en el Pan Sagrado. Al mirarlo con los ojos de su carne, solo vieron su Carne, pero al considerarlo con los ojos del espíritu, creyeron que Él era Dios. Del mismo modo, como vemos el pan y el vino con nuestros ojos corporales, veámoslo y creamos firmemente que es su Cuerpo y Sangre Santísimos, Verdaderos y Vivos. Porque de esta manera nuestro Señor está siempre presente entre quienes creen en Él, según lo que Él dijo: «Mirad, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo»."
La obediencia santa confunde todos los deseos corporales y carnales y mantiene el cuerpo mortificado a la obediencia del espíritu y a la obediencia del propio hermano, y hace que un hombre sea sometido a todos los hombres de este mundo y no solo a los hombres, sino también a todas las bestias y animales salvajes, para que puedan hacer con él todo lo que quieran, en la medida en que se les conceda desde arriba por el Señor.
En cuanto a ciertas faltas menores, debemos creer que, antes del Juicio Final, hay un fuego purificador. Quien dice la verdad afirma que quien pronuncie blasfemias contra el Espíritu Santo no será perdonado ni en esta era ni en la era venidera. De esta frase entendemos que ciertas ofensas pueden ser perdonadas en esta era, pero otras en la era venidera.