Hay una parte de ti que no está sujeta al cambio; es el testigo silencioso detrás de escena. Esa es esencialmente tu espíritu: el espíritu es una fuerza abstracta pero real. Es tan real como la gravedad. Es tan real como el tiempo. Es incomprensible. Es misterioso, pero es poderoso y es eterno.
Recuerda: en nuestro ser más íntimo, todos somos completamente dignos de ser amados, porque el espíritu es amor. Más allá de lo que cualquiera pueda hacerte pensar o sentir sobre ti, tu espíritu incondicionado permanece, brillando con un amor que nada puede empañar.
Más allá de la mente, en el nivel más profundo de la conciencia, reside el espíritu. Esta es la parte de nosotros que es eterna, inmutable y llena de un potencial puro e ilimitado. Conectar con ese potencial es lo que nos permite manifestar milagros.
El espíritu es apasionado; sin pasión nadie puede ser verdaderamente espiritual.