Nuestros placeres no son placeres materiales, sino símbolos de placer: presentados de manera atractiva, pero inferiores en contenido.
No podemos ser más sensibles al placer sin ser también más sensibles al dolor.
Cuanto más luchamos por la vida como placer, más en realidad estamos matando lo que amamos.
El secreto del disfrute del placer es saber cuándo detenerse. El hombre no aprende fácilmente ese secreto, pero apartarse del placer por completo es una cobarde evasión de un trabajo difícil. Porque tenemos que aprender el arte de disfrutar las cosas PORQUE son impermanentes.