Quien ve al Señor en el templo, el cuerpo vivo, buscándolo dentro de sí, solo así puede verlo, el Infinito, en el templo del universo, habiéndose convertido en el Ojo Infinito.
Pon tu carga a los pies del Señor del universo, que siempre es victorioso y lo realiza todo. Permanece todo el tiempo firme en el corazón, en el Absoluto Trascendental. Dios conoce el pasado, el presente y el futuro. Él determinará el futuro para ti y realizará la obra. Lo que deba hacerse se hará en el momento adecuado. No te preocupes. Quédate en el corazón y entrega tus actos a lo Divino.
Lo que surge y se hunde está hecho de aquello de lo que surge. La finalidad del universo es Dios Arunachala. Meditar en Él o en el que ve, el Yo, produce una vibración mental “Yo” a la que todo se reduce. Al rastrear la fuente del “Yo”, solo permanece el primordial “Yo-Yo”, y es inexpresable. El asiento de la Realización está dentro, y el buscador no puede encontrarlo como un objeto fuera de sí. Ese asiento es bienaventuranza y es el núcleo de todos los seres. Por eso se llama el Corazón. El único propósito útil del nacimiento presente es volver hacia adentro y realizarlo. No hay nada más que hacer.
...el Señor del Universo lleva toda la carga de este mundo. Tú imaginas que la llevas. Puedes entregarle todas tus cargas a su cuidado. Lo que sea que tengas que hacer, se te hará un instrumento para hacerlo en el momento adecuado. No pienses que no puedes hacerlo a menos que tengas el deseo de hacerlo. El deseo no te da la fuerza para hacerlo. Toda la fuerza es del Señor.
El universo entero está condensado en el cuerpo, y todo el cuerpo en el Corazón. Así, el Corazón es el núcleo de todo el Universo.