Quien ve al Señor en el templo, el cuerpo vivo, buscándolo dentro de sí, solo así puede verlo, el Infinito, en el templo del universo, habiéndose convertido en el Ojo Infinito.
Impones límites a tu verdadera naturaleza de ser infinito. Entonces te desagrada tener que ser solo una criatura limitada. Luego comienzas prácticas espirituales para trascender esos límites inexistentes. Pero si tu práctica misma implica la existencia de esos límites, ¿cómo podrían permitirte trascenderlos.
Sumérgete en las cámaras de tu corazón. Descubre el verdadero e infinito “Yo”. Reposa allí en paz para siempre y conviértete en idéntico al Ser Supremo.
Tu verdadera naturaleza es la de un espíritu infinito. La sensación de limitación es obra de la mente.