Recuerda: no eres tan miserable como te has hecho. Tú también eres Dios, y cultivar esta conciencia constante dentro de ti te ayudará a evitar los apegos falsos, a no identificarte con tu cuerpo, tu mente y tus sentidos. Así que debes decirte: “Cuerpo, mente y sentidos son míos, pero no son yo, porque yo soy esa llama eterna que no está sujeta al cambio, a la muerte y a la decadencia”. Esta conciencia debe estar siempre contigo.
La verdad es esa fuerza divina que habita en el corazón de cada individuo. Es la realidad eterna y omnipresente que une a todos los individuos y, finalmente, conecta toda la existencia en una sola conciencia divina. A esa fuerza divina se le llama Dios.
Nunca estoy solo. Una persona sola es quien no está consciente de la plenitud completa que hay dentro. Cuando te vuelves dependiente de algo externo sin tener conciencia de la realidad dentro de ti, entonces sí estarás solo. Toda la búsqueda de la iluminación consiste en buscar dentro, en darte cuenta de que estás completo en ti mismo. Eres perfecto. No necesitas nada externo. Pase lo que pase en cualquier situación, no tienes por qué estar solo.
La mente tiende a reaccionar si no se entrena, y una mente no entrenada crea desorden, enfermedad y confusión. Si uno hace algo con plena atención, aumentará su conciencia y su capacidad para cumplir su deber. Si uno forma el hábito de atender plenamente a lo que sea que esté haciendo, la mente se entrenará y, con el tiempo, la concentración se volverá fácil.
Para lograr la pureza de la mente, uno debe cultivar la conciencia constante, estando atento todo el tiempo. Uno debe permanecer siempre consciente de sus pensamientos.